Soltar: Un camino hacia la aceptación
Alguna vez les ha pasado que se cuestionen frente a situaciones del presente ¿por qué a mí?, ¿por qué en este momento?, ¿Qué hubiera pasado si…?, lo pude haber hecho mejor…

Muchas veces nos cuestionamos por lo que nos sucede, por lo que hacemos o por lo que dejamos de hacer. Winston Churchill dice: Toda crisis es mitad un fracaso y mitad una oportunidad. No tenemos 100% de certeza de lo que puede conllevar una decisión o un acontecimiento.
A continuación quiero compartirles una historia.
La historia del viejo y el caballo
Cuenta un antiguo cuento chino que un hombre mayor tenía dos amores: su hijo y sus caballos de pura sangre. La llamaremos la fábula del viejo y del caballo.
Una noche un criado dejó la puerta del establo abierta y el mejor caballo del hombre se escapó. Era una gran pérdida para él, y todos los vecinos de la aldea vinieron a darle consuelo y lamentar su mala suerte. Pero el hombre no estaba afectado y les dijo: “buena suerte o mala suerte, ¿quién sabe?”.
Una semana más tarde el pura sangre volvió acompañado de una yegua y de otros caballos de mucho valor. Los vecinos fueron a visitar al viejo y le felicitaron por su buena suerte. De nuevo, el hombre no mostraba signos de una gran alegría, y repitió: “buena suerte o mala suerte, ¿quién sabe?”. Los vecinos se extrañaban de su comportamiento.
El hombre decidió aprovechar la llegada de los caballos salvajes y se dispuso a adiestrarlos con la ayuda de su hijo. Pero uno de los caballos era muy rebelde y al intentar domarle, su hijo cayó y se fracturó una pierna. Cuando vino el médico aseguró que siempre se quedaría cojo. Los vecinos otra vez se acercaron para darle consuelo al viejo, pero nuevamente repitió: “buena suerte o mala suerte, ¿quién sabe?”. Esta vez los vecinos ya le tomaron por loco.
Pasaron un par de años y estalló una guerra. Los soldados del rey vinieron al pueblo y obligaron a todos los hombres jóvenes válidos a enlistarse para ir a combatir un lejano y peligroso enemigo. El hijo del viejo se salvó por cojo, y los vecinos volvieron a sorprenderse de la suerte del viejo. Pero, ya sabéis lo que dijo el hombre…
Los acontecimientos no son buenos o malos en sí mismos, es nuestra experiencia, emoción y comportamiento lo que les atribuye una carga moral. No es algo sencillo, pero nos lleva a enfrentar las situaciones como son, nos lleva a ser un poco más objetivos.
No significa esto que no podemos sentir. Claro que si. Pero la idea es que no dejemos que ese sentir gobierne nuestras acciones y nuestras decisiones. Estamos preocupados porque nos echaron del trabajo, y nos cuestionamos muchas cosas. Pero no nos podemos quedar ahí. Tenemos empezar a buscar alternativas; por más difícil que esté siendo nuestra situación en el presente. Necesitamos descubrir qué está bajo nuestro control y que no para actuar en línea con lo que podemos.
Si tu identificas que en el presente está sucediendo esto, pero no estas logrando manejarlo. Recuerda que la mejor forma de abordarlo es a través de la planeación. Cómo me sentiría más tranquilo la siguiente vez que se presente esto, cómo lo puedo manjar, qué voy a hacer. Si mañana tengo una entrevista, cómo me sentiría más tranquilo, qué dudas tengo sobre la empresa, qué puedo ofrecerles desde mi experticia y conocimiento.
Además, recuerda que no tienes que tener todas las respuestas, no tienes que saberlo todo el en el presente. Es necesario aprender a convivir con la incertidumbre; no saber lo que va a suceder. Es una de las tantos elementos inherentes al ser humano.
Si continúan las dificultas, no dudes en buscar acompañamiento. Recuerda que no tienes que enfrentar estas situaciones solo.
